De repente, tengo la necesidad de hacerlo. De expresar, de compartir, de encontrar a aquellos que están en la misma situación y tampoco saben hacia dónde tender la mano.
Hace unos veinte años me recibí de profesora en Letras. Ya desde chica los pensamientos se cruzaban dentro de mí sin orden ni categorías, y pocas situaciones me generaban mayor alegría que las epifanías y serendipias que, muchas veces, solo para mí lo eran. Lo interesante de mi largo paso por la universidad es que esa lógica emocional, ese desborde en verborrea compartida -primero con escritores y cantantes, luego con otros estudiantes y docentes, coetáneos, tangibles- no desentonaba con el discurso que habita esos lugares, sino que, por el contrario, era aceptado, en muchas ocasiones bienvenido, e incluso, alguna que otra vez, publicado.
Como suele pasar, mi esencia sigue siendo la misma. Pero, al haber renunciado al ámbito académico -a solo leer, escribir, hablar del mismo autor, con el mismo círculo-, pero también al haber diversificado tanto mis intereses profundos, mis hiperfocos, mis conexiones e infodumping, no es tan fácil llegar a los interlocutores a quienes les interese lo mismo. Así que mi paciente esposo y diversas amigas tendrán que escuchar, además de nuestras charlas habituales, un esbozo de aquellas que no les interesen -¿no hacemos, acaso, todos lo mismo?-, y, casi sin notarlo, paso horas en redes sociales, comentando sobre comentarios de quienes creo que podrían ser grandes interlocutores momentáneos.
Tras años de gatos, Cervantes, Queen, el ser social, la bossa nova, Julio Cortázar, la Inglaterra medieval, la maternidad, etc., durante la pandemia mi principal centro de interés recayó en la banda coreana BTS. Creí que sería divertido y breve, pero cuatro años después admito que es un excelente tronco desde el cual extender coordenadas infinitas.
Descubrí hace ya un tiempo las fascinantes teorías, que ciertos fans, los “teoristas” (theorists) construyen sobre la historia ficcional que atraviesa las canciones de la banda, y a los académicos autodenominados Bangtan Scholars que, formados o formándose en diferentes disciplinas, unen a su trabajo su atracción por BTS y el “trabajo de fans” de luchar por el reconocimiento que aún no tienen y merecen.
Pero, como sucede en este mundo globalizado -a pesar de las traductoras IA-, casi todo lo que se conversa está en inglés -y, a veces, en coreano-. No conozco teoristas en español. No me animo a aportar en otra lengua. No sé hasta dónde pueda aportar en la propia.
No sé siquiera si solo deseo hablar de BTS. Es fácil encontrar conexiones hacia ellos desde casi cualquier temática, pero esto que hoy me atraviesa, ¿será así por cuánto tiempo? El caos que me habita elegirá el camino.
Pero hoy, a once días de ver “RM: right people, wrong place” en el cine, elijo dar esta primera puntada para intentar transformar el caos interno (de la salvaje Killa que me empuja) en el elegante y bello vestido en el que danzar según las normas sociales adquiridas (por la Isabela persona/ máscara).
Killa Isabela



Comentarios
Publicar un comentario