Y ese Verbo fue hecho carne.”
Existe algo que nos une a todos los humanos, a todos los seres vivos, a todo el universo. Cada hipótesis científica lo sabe, cada religión también, y, cuando aceptamos ser completamente vulnerables, todos lo intuimos. Sin embargo, no coinciden los nombres que le damos ni las representaciones (lógicas, artísticas, abstractas, materiales) que hacemos.
Hacía años que la palabra escrita no me estremecía cuando leí las primeras letras de RM, Namjoon -en inglés, en español, en coreano-. De repente, necesité saber más, vincular con otras traducciones, con otras interpretaciones, compartir las mías. Aunque hoy sé que no es el único artífice detrás de esas letras, compruebo en sus dichos y sus actos cómo piensa. Fue entonces cuando la poesía, componente de cada canción, se me presentó, una vez más, como el acto que mejor me convocaba entre los que intentan domar y dar forma al sentir compartido del que hablé al comienzo. En mi propia teogonía de pandemia elegí realizar un acto divino y nombrar yo misma, transformar el caos en principio de orden gracias al verbo. Por ello, llamé a Namjoon “El Poeta”.
El poeta arquetípico que creía elegir momentáneamente para marcar el génesis de fecundas aunque efímeras elucubraciones, me llevó de la mano a escuchar y ver los otros modos en que esa expresión se complementaba, no para limitarse sino para, por el contrario, expandirse. BTS estaba compuesto por siete personas diferentes, siete voces diferentes, muchísimos ritmos, instrumentaciones, vestuarios, coreografías, destellos. Pero, entre la algarabía del espectáculo, lo descubrí. El yang, o el yin. Personificación de la melancolía, del júbilo, del amor, del sufrimiento… la carne parecía ser apenas una tela que ayudaba a materializar las de otro modo intangibles emociones. De esto se hablaba, sin dudas, al mencionar la posible corporeización del verbo. Por ello, llamé a Jimin “La Poesía”.
Busqué, esa
Poesía humana, volverla palabra nuevamente. Es mi modo de asir lo inasible. Escribí
sobre él en redes sociales, escribí tres poemas, sentí deseos de cantar, de
pintar, de danzar, de escribir nuevamente. Un buen día, esta musa pagana eligió
publicar un disco titulado, justamente, Muse. Su voz virtualizada, su imagen en
holograma 2D, proyectadas desde la ausencia: él ya cumplía con sus obligaciones
en el servicio miliar, “fuera de la sociedad”. Así como él buscó dar más
entidad a sus musas que a su cuerpo, así diferentes fans elegimos materializar su
inspiración. En mi caso, logré exponer mi agradecimiento en esta imagen:
(Acerca de la muestra: https://www.instagram.com/p/DB6Cqn7RB2T/?img_index=1)
No quiero que se me malinterprete: BTS es un grupo como no existió ni existirá otro. La historia que une sus discos es tan esencial como la búsqueda personal del mapa del alma que cada uno está llevando a cabo por separado. Los siete, cada uno y en total, son imprescindibles, inspiradores, transformadores. Acerca de los siete, en conjunto y por separado, escribiré. Solo establezco el génesis de mi delirio.
Ahora, El Poeta, que también desde el “no lugar” mantiene palpitantes las ideas que vibran en oxímoron desde sus letras, sacará un documental. Ese no lugar… ¿el es lugar equivocado para la persona correcta? ¿Es el lugar correcto, solo que es él la persona errada? ¿quién decide si somos o no los indicados para ocupar determinado lugar, si determinado lugar es el indicado para nosotros? Quisiera encontrar muchas más reflexiones sobre este álbum increíble, sobre él, sobre nosotros los humanos, sobre los modos de decir y desdecir. Hoy, mirando el capítulo 4 del Diccionario de Conocimiento Humano Inútil, entendía cómo escribir es una manera de aferrarse a la esperanza. Por eso, hoy escribo.





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